10 de agosto de 2009

La gripe porcina y el debate sobre las patentes


un artículo de Jefferson Choma

La industria farmacéutica gana 500 millones de dólares por año. Los laboratorios farmacéuticos, cuyas matrices están en Estados Unidos y en Europa, intentan garantizar sus beneficios a toda costa. Cualquier artificio vale para preservarlos.

La ley internacional de patentes, respetada por la mayoría de los gobiernos, fue establecida justamente para ampliar el lucro de las multinacionales. Es una garantía para que los laboratorios tengan ganancias por un buen tiempo y una ventaja a cambio del dinero invertido durante años en el desarrollo de una droga.

La explosión de casos de la gripe porcina en América del Sur, particularmente en Brasil y en Argentina, pone en el centro de la discusión la necesidad de rompe el sistema de patentes de los medicamentos.

La industria farmacéutica gana 500 millones de dólares por año. Los laboratorios farmacéuticos, cuyas matrices están en Estados Unidos y en Europa, intentan garantizar sus beneficios a toda costa. Cualquier artificio vale para preservarlos. La ley internacional de patentes, respetada por la mayoría de los gobiernos, fue establecida justamente para ampliar el lucro de las multinacionales.

Es una garantía para que los laboratorios tengan ganancias por un buen tiempo y una ventaja a cambio del dinero invertido durante años en el desarrollo de una droga. Se puede patentar cualquier cosa, y las industrias farmacéuticas incluyen nuevos usos, nuevas formas de dosificación y combinaciones de medicamentos antiguos e, incluso, cambian el color de las píldoras.

La "máquina de hacer dinero" de los laboratorios está basada en informaciones falsas, en sobornos y coimas que se pagan en todas las instituciones del Estado y de los medios de comunicación. De esa forma, consiguen ejercer un poderoso lobby sobre gobiernos y políticos, financiando campañas electorales a cambio de "favores".

"Los laboratorios se volvieron dueños de la Casa Blanca. El gobierno americano llega a negociar con los países pobres en nombre de ellos. ¿Cómo eso es hecho? Los Estados Unidos presionan a esos países para que acepten patentes, además del plazo permitido (15 años en promedio). Cuando la patente se extiende, los países tardan más para tener acceso al medicamento más barato. Si las naciones pobres no aceptan la medida de los americanos, corren el riesgo de sufrir represalias y de no recibir los medicamentos. Esa actitud es el equivalente a un asesinato masivo", explica Peter Rost, ex vicepresidente de Marketing de Pfizer, uno de los principales laboratorios del mundo (reportaje sobre las patentes de medicamentos de la revista brasileña Época, 2/8/2007).

La falta de distribución del medicamento contra la gripe A o porcina, Tamiflu, en Brasil tiene relación directa con el monopolio de las industrias farmacéuticas. En Brasil, la distribución de este remedio es restringida. Sólo se entrega a los pacientes que forman parte del llamado "grupo de riesgo" (embarazadas, niños de hasta dos años y personas que ya presentan problemas respiratorios o deficiencia inmunológica). Ese protocolo impide que la mayoría de los sospechosos que hayan contraído el virus reciban el medicamento en las primeras 48 horas a partir del inicio de los síntomas. Pasadas esas primeras horas, el medicamento no tiene más efecto.

El gobierno Lula alega que la restricción sirve para no volver el virus "más resistente". Pero ese argumento es una disculpa falsa, imposible de ser sostenida en cualquier discusión seria sobre el tema. Para evitar una posible resistencia, las personas son sentenciadas a muerte. Se mata para preservar el medicamento.

El verdadero motivo es la sumisión del gobierno Lula a las multinacionales. No quiere romper la patente del oseltamivir (droga base del Tamiflu) para no chocar con el laboratorio suizo Roche, que produce el medicamento. "Estamos lejos de la quiebra de patentes. Esa opción no se pone en el escenario", dijo el ministro brasileño de la Salud, José Gomes Temporão.La negativa del gobierno brasileño es un verdadero crimen que sólo beneficia a las grandes industrias farmacéuticas. Las ventas de Roche aumentaron 203% en el primer semestre de 2009. En ese periodo, las ventas de Tamiflu alcanzaron 1.000 millones de francos suizos (casi 1.000 millones de dólares).

Las vacunas también son fabricadas por un puñado de multinacionales. Los gobiernos de los países ricos ya compraron 1.800 millones de dosis, de forma anticipada. Sólo Francia ya compró 100 millones, más de una vez y media su población (64 millones habitantes). El resultado es la falta de vacunas en los países de América Latina, donde se produce el mayor número de casos y muertes causadas por la epidemia. Brasil, por ejemplo, sólo va a contar con vacunas el año próximo, pues los stocks ya habían sido vendidos para los países imperialistas.

Los especialistas en infectología creen que se producirá una segunda oleada de gripe porcina en América del Sur en el próximo invierno de 2010, cuando el virus será todavía mucho más grave y letal. Al no romper el sistema de patentes para iniciar inmediatamente a nivel nacio0nal la fabricación de medicamentos y vacunas, el gobierno habrá dejado morir deliberadamente a miles de personas que, si fueran tratadas con el medicamento, podrían ser salvadas.

Las entidades de los movimientos sindical, popular y estudiantil deben exigir que los gobiernos de los países latinoamericanos afectados la inmediata ruptura del sistema de patentes para que sus países puedan producir los medicamentos y combatir la gripe porcina. El monopolio de la vacuna y de los medicamentos no puede quedar en manos de un puñado de capitalistas que buscan la ganancia a costa de la muerte del pueblo pobre.

La ruptura del sistema de patentes debe ser la primera medida de un amplio programa de combate a la gripe porcina. En el caso brasileño, las entidades sindicales y estudiantiles deben exigir que el gobierno pare de restringir el acceso de la población a los medicamentos y defender su distribución gratuita a toda la población, además de una amplia campaña nacional de vacunación. Esa debe ser la primera medida de un plan de salud estatal, gratuito y de calidad para el conjunto de la población.

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